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Presencia Consciente = autocontrol y paz.

Uno de los libros que releo de vez en cuando y abro cualquier página a ver qué me sale, me dijo en una noche pasada y cercana: “El verdadero propósito de tu vida es estar consciente en lo que estás haciendo, el propósito secundario es hacer lo que estás haciendo. De esto depende tu futuro.”  ¡Wow!

 

¿Yo trato de estar presente en cada segundo de mi vida, pero te has dado cuenta de lo difícil que es eso? Observo cómo la mente divaga entre el pasado, el presente y el futuro, trayendo a veces alegrías, gozo, satisfacción y otras veces miedos, rabias, frustraciones…. ¡ÉSA es la vida! Una red tejida de muchas, muchas experiencias que sin las emociones no serían experiencias. ¿Qué sería de una experiencia que no te dejara “huella”? (A veces no es huella sino cicatriz, pero bueno…) Esa experiencia no sería recordada, y eso es lo que todos queremos, recordar lo vivido para sentir – saber – que hemos vivido. Sin memoria no sabemos que hemos vivido… recordar es volver a vivir…vivir en esta frase es sentir… sentir es vivir… sabemos de algo mediante los sentidos, mediante el sentir… una cosa es conocer la teoría de algo (cómo se hace el amor) y otra muy diferente es saberlo por haberlo experimentado… La vida es de experiencias sentidas, vividas. Es haberlas presenciado y sentido.

 

Sin embargo, y como todo en la vida, debemos encontrar la justa medida de esa presencia entre el pasado, el presente y el futuro. ¿Y cómo saber cuánto es la justa medida? Lo sabemos si lo confrontamos en función de una utilidad. Es decir, si deseamos algo específico la justa medida es la que sirve para ayudar a conseguirlo. Para vivir plenos y felices más vale adicionar conciencia al presente que al pasado o al futuro. Tener la mente pensando en el pasado o en el futuro, es decir, la presencia consciente allá en un lugar imaginario, es poco útil para un bienestar y un buen vivir aquí y ahora.

 

Tener la presencia aquí y ahora, conscientes de que este momento se va en unos instantes, saber que este minuto no regresa más, genera un sentimiento de valoración. Valorar el presente, sea como fuere, como si tú mismo te vieras desde un visor superior observando ese instante en tu vida, te lleva a sentir gratitud por ese regalo de vida que posees. Y si estás ahí, viviendo, sintiendo, experimentando, puedes hacer con ese momento lo que tú desees. Puedes elegir cómo tomarlo. Puedes decidir qué hacer con eso. Puedes elegir qué camino coger. Puedes elegir cómo aprender de ello. Puedes elegir.

 

Claro que esa capacidad de elegir muchas veces la tiene el subconsciente o inconsciente porque actúa de una rápida vez por uno. Contestamos casi sin pensar. Pensamos casi sin pensar. Reaccionamos en piloto automático. Y ahí es donde sabemos que no estuvimos presentes en ese momento. No hubo presencia consciente del acto. Si la hubiera habido, la presencia consciente te permite tomar unos segundos de tiempo para ver la situación desde un nivel más elevado, más sereno, donde esa escena de tu película hace parte de una Gran Todo, y con esa consciencia es que sabríamos elegir qué contestar o hacer en función de lo útil que sea para llegar a donde queremos llegar. Esa es la verdadera capacidad de elección.

 

Sin embargo, hay emociones tan fuertes que traemos del pasado y que nos visita en el presente justo en esos momentos en que más deberíamos estar presentes conscientemente. Esos traumas de niñez, que incluye hasta una simple y desprevenida frase paterna en un momento clave del niño, quedan para toda la vida en el cuerpo emocional del adulto. Y salen a flote sin darnos tiempo para hacer presencia consciente. Cuando nos damos cuenta ya hemos reaccionado, y para colmos, tendemos a seguir justificándonos y sosteniendo la razón de esa reacción.

 

Es en la práctica cotidiana, en los momentos “fáciles”, simples, sencillos, donde conviene comenzar a practicar la presencia consciente. La práctica hace al maestro y cuando un maestro bien entrenado se ve enfrentado a una verdadera situación grave, delicada, ya su entrenamiento lo ha interiorizado tanto que su primer impulso será hacer lo que ha entrenado: hacer presencia consciente, tomarse unos segundos para elegir la acción o reacción controlada a ese estímulo.

 

Cuando anteriormente nos decían cuente hasta 10 antes de efervescer en la rabia estaban muy cerca de atinar con la técnica. Lo que faltó por decirnos es qué hacer mientras contábamos hasta 10. Si observas tus pensamientos, tus sentimientos y emociones cuando sientes la efervescencia de la rabia, y durante esos segundos te observas, te das tiempo para elegir una reacción que te sea útil para lograr tu objetivo. Hay que tener claro qué se quiere de la vida en cada área, con cada persona, para que cuando lleguen esos momentos venga a la mente con claridad esos objetivos propuestos y en función de ellos elegir qué hacer o qué decir.

 

Practiquemos la presencia consciente en nuestro interior. La observación constante de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Tu eres el observador y lo observado es tu mente, tu cuerpo. Son parte de ti pero no eres todo tú. Son sólo una parte de ti…

 

Un fuerte abrazo,

 

Dana BB

 

*Eckard Tolle, En Unión con la Vida.