¿Por qué nos decepcionamos?

El concepto de lealtad como uno de los más loables valores que admiramos, apreciamos y buscamos puede ser al mismo tiempo una trampa mortal. Mortal para el bienestar, la Felicidad

y la serenidad.

Cuando damos a otros hay que hacer una filigrana muy dedicada y juiciosa descubriendo en nuestro inconsciente porqués y “paraqués” de ese dar.

Cuando esperamos lealtad por todo lo que di de mí, por todo lo que le entregué, estamos esclavizando. O estamos siendo esclavizados.

El reclamo es una demostración de creerse dueño. Como te di de mi amor, de mi plata, de mi casa, te metí en mi familia, entonces me debes…. soy dueño de tu lealtad.

Obviamente esto es inconsciente hasta que un evento de deslealtad nos lo deja saber en el consciente, si es que somos capaces de verlo en medio del dolor y la decepción. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y podemos tenerlo en las narices, incluso escucharlo, pero no lo registramos en la mente consciente.

La lealtad se posibilita cuando ante ella se respira libertad y confianza.

Una lealtad “obligada” por quedar bien no es lealtad y es insostenible. Es compromiso sin corazón.

La auténtica lealtad sale del amor, de la gratitud humilde y consciente. Y especialmente de saberse en libertad para actuar mientras se confía en el verdadero amor, el incondicional, y desde ahí tranquilamente podemos elegir otros caminos que la vida nos ofrece para seguir nuestra misión.

Todos somos apoyos circunstanciales de otras personas y contribuimos en el desarrollo de ella que a su vez lo hace con otro y juntos sin saberlo bien vamos tejiendo con cada puntada la malla cuántica de La Vida.

Dana Benarroch. 

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