¿Qué nos está matando?

Fatiga crónica, falta de sueño, afanes, entregas para ya, competencia, muchos frentes que atender…. Y si a esto le sumamos una personalidad enfocada al logro, de alta exigencia, controladora… y siga sumando: el miedo a no ser suficientemente bueno para… ser papá, ser esposo-a, ser hijo-a, ser empleado-a, ser amigo-a, tener buena salud, tener buen carro, buena casa, vacaciones, colegios, universidades, ropa…. Más el miedo a perder el trabajo y no ser capaz de responder a los créditos… ¿Qué más falta?

¿En qué carrera loca nos metimos? ¿A qué horas? ¿Así vivían nuestros padres y abuelos?

¿Para qué todo este mega esfuerzo? ¿Tiene sentido este estilo de vida?

Desde que leí sobre la verdadera libertad que tenemos los seres humanos en el libro de Viktor Frankl, “El hombre en busca de sentido”, el poder de la claridad, la fuerza de las pasiones y la misión de vida, los pensamientos y creencias como origen de nuestra experiencia de vida he entendido con mayor profundidad el poder que reside en nuestro interior.

Quejarse como víctima de un sistema o de una circunstancia sólo empeora nuestra experiencia. Puede ser que cambiarlas esté fuera de nuestro alcance y control. Resignarnos nos llena de rabia, frustración y tristeza. ¿Entonces, cómo hacemos?

La clave está en la claridad. La claridad de porqué y para qué hacemos lo que hacemos. La claridad nos da poder para elegir y actuar, poder para fluir plenamente con las circunstancias. Tal vez te respondas “porque me toca”. ¿Estás seguro de que te toca? Cada minuto de tu vida estás tomando decisiones y todo lo que vives ha sido por tu elección consciente o inconsciente. Siempre has elegido. Unas veces eliges hacer lo que no quieres, pero aun así eliges hacerlo. La claridad te da la valentía para ser libre y elegir conscientemente.

¿Qué pasa si…? Es una buena pregunta que ayuda en el proceso de claridad.

Cuestionar todo lo que tu mente te anticipa que va a pasar es otra buena manera de quebrantar esa seguridad que nos hace creer los pensamientos ansiosos y miedosos.


¿Es eso verdad? ¿Estás absolutamente seguro de que es verdad? Si no tuvieras ese pensamiento, ¿Cómo te sentirías?

Tener claro qué es lo que le da sentido a tu vida, qué es lo que verdaderamente te importa y saber que todo ese mega esfuerzo vale la pena, le resta fatiga crónica a tu existencia. Pero si no tienes en frente la claridad del para qué, o peor aún, te das cuenta que es para aparentar, para “ser alguien” (¿como si no fueras ya alguien… qué es ‘alguien’? alguien famoso?), para cumplir el papel de niño-a bueno, juicioso y exitoso, el esfuerzo que se siente puede abrumarnos y llevarnos a colapsar.

En el libro de la Vida Plena de Ariadna Huffington, menciona cómo nos hemos alejado de lo básico que llena de energía vital al ser humano: conectar en realidad física –no virtual- con la familia y amigos, mantener la capacidad de asombro al reconocer los pequeños milagros diarios, agradecer diariamente por lo esencial y lo no tan esencial y estar presentes con atención plena en cada actividad – adiós multitarea-, dormir 7-8 horas diarias, alimentarnos saludablemente, son hábitos de existencia que nos llenan de energía física, emocional, mental y espiritual.

La energía vital es contable y el saldo depende de la relación ingresos-egresos.

Si de todas maneras elegimos conscientemente llevar una vida llena de frentes que atender porque ese esfuerzo vale la alegría –no la pena- de vivirlo en función de los hijos, los padres y/o los logros (cada uno es libre de elegir lo que le da vida a su vida), entonces conviene mantener hábitos que nos permitan tener nuestra energía vital alta y saludable. En cada una de las dimensiones del ser. Y más aún conviene tenerlo claro para no caer en modo víctima quejándose de todo.

La verdadera libertad reside en nuestra capacidad de elegir. Si no puedes cambiar las circunstancias conviene entonces cambiar la manera de ver lo que tienes en frente. Regular el modo mental catastrófico mediante la duda. Realmente no puedes estar tan seguro de lo que pasará. Y ahí descubrirás que la incertidumbre es el campo de la paz. ¡La resiliencia requiere humildad y corazón para vivir la vida…y una buena dosis de sentido del humor! El cambio comienza en nuestro interior. La salida es hacia adentro dijo Carl Jung.
 

Dana Benarroch. 

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